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Długość śladu

41,4 km

Poziom trudności

Średni

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498 m

Max elevation

858 m

Trailrank

33

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643 m

Trail type

Loop

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2 godzin 54 minut

Czas

3 godzin 25 minut

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11 lipca 2021

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lipca 2021
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w pobliżu Almodóvar del Campo, Castilla-La Mancha (España)

El descubrimiento de la cuenca carbonífera fue, sin duda, uno de los acontecimientos más trascendentales en la historia de la localidad, pues marcó, en buena medida, su devenir a lo largo de un siglo.

Los primeros indicios sobre dicho asunto aparecieron en el número 61 del periódico La Minería, de 23 de noviembre de 1873. En él se apuntaba que, en el valle de Puertollano, se habían solicitado recientemente varias concesiones de carbón de piedra, y que los escasos trabajos practicados hasta la fecha habían puesto de manifiesto capas de pizarra bituminosa y de arenisca con hulla, conteniendo, unas y otras, fósiles característicos del terreno carbonífero. Había, por tanto, fundadas esperanzas en la existencia de una formación hullera y, debido a ello, varias empresas españolas estaban decididas a llevar a cabo una investigación seria y meticulosa.

Continuaba señalando que la situación del terreno era favorable y ofrecía ventajas, pues Madrid estaba próximo, lo cruzaba la línea férrea de Badajoz y existían registros cercanos a la estación de Puertollano. También hablaba de beneficios para la agricultura, ya que “al haber carbón, podrían establecerse grandes riegos por medio de máquinas de vapor que elevasen a la superficie las corrientes de agua del subsuelo”.

Asimismo, el periódico se hacía eco de la insurrección cantonal de Cartagena, iniciada el 12 de julio de 1873 y que aún estaba en plena efervescencia, pues no sería sofocada hasta el 12 de enero siguiente. Por tanto, afectaba de manera negativa a la minería de la comarca puertollanense, ya que toda la producción estaba contratada para dicho punto, al que no podía transportarse en aquellos momentos por continuar el tráfico paralizado.

Pasados unos meses, el 15 de mayo de 1874, el periódico ya se refería claramente a “la nueva cuenca de Puertollano”. Destacaba que, hasta entonces, y según el mapa geológico de Verneuil, se había pensado que, en los alrededores de la población, sólo existía el terreno siluriano superior, cuando algunas rocas y fósiles parecían corresponder al período carbonífero. Por ese motivo, se hicieron nuevos reconocimientos y trabajos de investigación en pozos a cuenta, principalmente, del Conde de Valmaseda, y que alcanzaban una profundidad de 20 metros. Como consecuencia del descubrimiento, se habían delimitado en la comarca varios centenares de hectáreas, creyéndose que la cuenca podría ocupar una xtensión cercana a 17 kilómetros de largo por casi 3 de ancho.

Días después, el 8 de junio, La Minería transcribió una carta que Juan Breuilhs, ingeniero y director de la Carbonera Española de Belmez y Espiel, le había dirigido el 16 de mayo anterior y en la que puntualizaba cómo había sido, realmente, el descubrimiento de la cuenca carbonífera de Puertollano.

Según la misiva, el hallazgo se debió a la casualidad y sólo se hicieron estudios geológicos después de registrarse una porción de pertenencias. El Marqués de Casa-Loring tenía minas de plomo y zinc en el valle de Alcudia, y un agente suyo en Puertollano, Hipólito Sarrat, señaló la existencia de pizarras con vestigios de carbón en los escombros de unos pozos-norias del valle de Puertollano, a unos 5 kilómetros de la localidad.

Se apreciaban en el sector dos casos notables. El primero, la existencia en la superficie de rocas volcánicas bien caracterizadas y en abundancia. El segundo, la horizontalidad del terreno depositado en un valle de formación siluriana, mientras que los demás yacimientos de hulla en las mismas condiciones, caso de Belmez y Espiel, se presentaban casi verticales. Esto probaría que el espacio hullero de Puertollano era mucho más reciente que los citados o que no había sido trastornado después de su formación por ninguna erupción de rocas ígneas.

La consecuencia de todo lo anterior era que, para reconocer la zona de la localidad, el método más racional debía ser el sondeo, en tanto se encontrasen los terrenos de la serie inferior, cuya profundidad, en apariencia, no debía ser muy grande.

El 14 de junio de 1873 se hizo la primera solicitud de registro, la mina “La Extranjera”, a cargo de Vicente Delgado Porras, vecino de Puertollano y amigo del Conde de Valmaseda. Tenía cuarenta hectáreas de extensión y el título de propiedad fue expedido el 27 de junio del año siguiente. Dicho pozo se profundizó para recoger muestras más características y definitorias, las cuales, mediante la implicación de los citados Conde de Valmaseda y Juan Breuilhs, y tras ser analizadas por miembros de la Escuela de Minas de Madrid y del Mapa Geológico, se determinaron que pertenecían al grupo hullero.

Ese mes de junio de 1874 también se produjeron otros registros, como “Argüelles”, “Perseverancia”, “Don Rodrigo” y “La Mejor de Todas”. A su vez, el año siguiente hizo acto de presencia la Sociedad Escombrera Bleiberg, la primera gran empresa de carbón instalada en la localidad.

Inicio y desarrollo de la explotación en las minas (1874-1910)

En 1877, apenas iniciados los trabajos mineros, los habitantes eran 3.545, los cuales representaban el 1’3 por ciento del total de la provincia; en 1887, 5.061, el 1,7; en 1897, 6.082, el 1’9; en 1900, 7.548, el 2’3, y en 1910, 10.503, el 2’8. Es decir, a lo largo de ese período de tiempo casi había triplicado su población, hecho que motivó que avanzase desde el puesto vigésimo, aproximadamente, en el escalafón provincial hasta llegar al noveno.

Dicho crecimiento no fue uniforme. Entre 1877 y 1887 llegaron numerosos inmigrantes, tendencia que se contuvo en la década posterior al disminuir la demanda de mano de obra. Volvió a aumentar a partir de 1898, por la gran cantidad de mineros necesarios para atender los pedidos que provocaba la guerra de Cuba y que motivó que se edificasen cuatro nuevas barriadas en la villa. Desde 1900, el incremento fue menor, porque comenzaron a trabajar en las minas los nacidos en la localidad en los años posteriores a 1885.

A finales del siglo XIX funcionaban dos panaderías, ocho tiendas de ultramarinos, diez carnicerías, seis molinos de aceite y tres cosechadoras de vinos. También había cafés, una sala de juegos, dos casinos y varias tabernas. Sin embargo, no existía hospital, encargándose de esta faceta dos médicos y dos ayudantes sanitarios, como ha publicado Ramírez Madrid.

Respecto a las comunicaciones, en 1899 llegó hasta la localidad el ramal que procedía de San Quintín y Almodóvar del Campo, en un principio sólo para transporte de mineral, y que se abrió a los viajeros en 1902. Un año más tarde, entró en funcionamiento la línea de vía estrecha proveniente de Valdepeñas y Calzada de Calatrava, conocido popularmente como “trenillo de La Calzada”.

A partir del hallazgo de mineral, su aprovechamiento se convirtió en asunto fundamental para la población. En 1877 y en la Cañada del Allozo, el sondeo de un ingeniero alemán cortó carbón a 50 metros de profundidad en un terreno que poseía la mina Asdrúbal y cuya capa se estimaba en 2’50 metros. Dicha entidad abrió, por entonces, los pozos “San Hilarión”, “Terrible Segundo” y “Asdrúbal” y construyó un ferrocarril minero de vía estrecha para acarrear los carbones hasta la estación férrea de la Compañía Madrid-Zaragoza-Alicante (MZA). Tras la mina “Asdrúbal” vinieron las explotaciones de “La Extranjera” y “María Isabel”, las cuales, en un primer momento, porteaban su mineral mediante el uso de carros, hasta que el Marqués de Casa Loring construyó, desde los centros de trabajo, un ferrocarril de vía ancha de cinco kilómetros de longitud y que llegaba a la citada estación, como recientemente ha publicado Fernández-Pacheco.

Hasta 1884 se llevaron a cabo las tareas necesarias para poner las minas en funcionamiento, año en que se produjeron 38.950 toneladas y trabajaron en ellas 320 obreros. Para entonces, ya se dejaba sentir un cambio en el porcentaje de la población activa, pues aunque se mantenía alta en el sector primario, alcanzando el 61 por ciento, había llegado al 32 en el secundario y al 7 en el de servicios.

Durante los primeros tiempos de explotación, las empresas tuvieron pérdidas por falta de pedidos y por el bajo precio a que entonces se vendía el material. Entre 1881 y 1890 se sacaron alrededor de 350 toneladas diarias, de las que 170 correspondían a Asdrúbal y el resto a La Extranjera y María Isabel. Desde 1890 creció la exportación, acentuada a raíz de la guerra de Cuba y, sobre todo, tras la entrada en la misma de Estados Unidos (1898), fecha en que aumentó la demanda de carbón y se obtuvieron algo más de 200.000 toneladas anuales.

Dicha tendencia se acrecentó en los primeros años del siglo XX, pues la producción se situó en torno a las 300.000 toneladas, representando, en 1900, la población minera el 58 por ciento del total que se encontraba en activo.

La mina Asdrúbal abrió nuevos pozos, entre ellos el “Argüelles”, donde se emplazaron las cribas mecánicas Cok, con lavaderos y clasificadores. Después echaron a andar “Valdepeñas” y “Oportunidad”, si bien esta última paró en 1910 durante un tiempo, debido a las abundantes aguas que afluían a sus pozos.

Desde el principio, la escasez de material ferroviario fue un problema a la hora de dar salida y poner en los mercados el carbón que se sacaba de las minas.

La coyuntura no cambió después de que, en 1880, la Sociedad Anónima de los Caminos de Hierro vendiese todas sus acciones a la Compañía de Ferrocarriles Madrid-Zaragoza-Alicante, MZA, pues siguieron faltando vagones y se acumularon las existencias a bocamina.

Casi todos los ramales partían de la playa de Loring, que se encontraba al oeste de la población, paralela a la línea Madrid-Badajoz. La empresa MZA no tenía un especial interés en que el carbón de Puertollano llegase a Madrid, porque le era más rentable transportar por sus otras líneas el procedente de Inglaterra y norte de España y depositarlo en Alicante.

En 1906, la Compañía embarcó 295.000 toneladas, por las que cobró 3.110.310 pesetas, esto es, 10’54 pesetas por cada unidad. Diariamente, de la estación salían tres trenes carboneros, además de otros vagones que se enganchaban a mercancías y mixtos.

Durante octubre de 1908, la mitad de los días el trabajo quedó entorpecido o incluso paralizado en varias minas por la escasez de material ferroviario, pues buena parte del mismo era empleado en las tareas de vendimia y de recolección de remolacha que, en esas fechas, se efectuaban por otras zonas del país. Los trabajadores pedían que los diputados del Congreso tomasen cartas en el asunto, pero era una situación que se había convertido en habitual cada año, pese a alguna gestión anterior exitosa, como la de Julio Quesada-Cañaveral, Conde de Benalúa, que pidió en el Parlamento material de embarque y, al menos durante un tiempo, hubo suficientes vagones.

Todo ello perjudicaba, además de a empresarios y obreros, a los clientes de la cuenca minera, la mayoría industrias y fábricas de electricidad, fundiciones y tejeras ubicadas en Madrid, Linares y Vilches. De especial gravedad eran las cargas de carbón destinadas al alumbrado de las poblaciones, pues las factorías no podían alimentar sus calderas y, en ese caso, faltaba fluido en los citados lugares. Aquel otoño, el precio de la tonelada de carbón para el mercado de la provincia era: grueso, 19 pesetas; cribado, 17; granadillo especial, 17; granadillo ordinario, 15, avellana, 14, y menudo, 7.

Al margen de las minas, otros centros fabriles fueron la fundición de plomo “Nuestra Señora de Gracia”, levantada entre 1878 y 1882 por el ingeniero Manuel Sánchez Massiá, mediante encargo del empresario catalán José Genaro Villanova, y el taller de construcción “La Paz”.

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Sociedad Minero Metalúrgica de Peñarroya”, SMMP,

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Antiguas escombreras de las minas de Puertollano
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